Entonces Berta se la quedaba mirando y para no disgustarla asentía con la cabeza, como dándole la razón, aunque en su interior pensaba lo contrario, pensaba en la vida que le esperaba, en lo que iba a sufrir. Por ese motivo no le llevaba la contraria, a pesar suyo Rosalinda le daba pena, pero no quería que sufriera, era su decisión y la respetaba.
Aquella tarde hacía mucho calor, era principios de junio y parecía que el verano se había adelantado en su máximo esplendor, Rosalinda tenía los tobillos hinchados a no poder más, pero no se quejaba, Berta notaba su cansancio y le dijo de tomar un refresco en una terraza a la sombra de aquel abrasador día. Se sentaron y pidieron unos refrescos, entonces fue cuando Rosalinda, necesitada de alguien que la escuchara se sincero, estaba ya de ocho meses y nada podía hacer que volviera atrás…
- ¿Crees que soy una egoísta, verdad Berta? –dijo con lagrimas en los ojos.
- ¿Por qué?...creo que has sido demasiado buena, muy altruista, creo que pocas personas sabiendo la vida que te espera hubieran aceptado seguir. Creo que eres una madraza, y te admiró, yo no soy como tu, yo…ya sabes, yo no lo hubiera tenido.
- ¿Por qué?.. ¿Sería tu hijo, no?..Como fuera, pero sería un hijo, querido, sería parte de ti. ¿Por qué las personas quieren las cosas perfectas, porque no aceptar algo diferente, quizá ese era su destino. ¿Crees que tenemos el derecho de negarles la vida?..¿Crees que podemos decidir sobre otros?..Yo no, si tenía que ser así, así será. Aunque respeto a todo el mundo, pero yo no puedo quitarle la vida a una persona porque sea diferente. Creo que no me lo perdonaría nunca.
Rosalinda estaba desesperada, asustada, tenía claro lo que le esperaba pero su fuerza, su energía la empujaba hacía una aventura que pocas personas aceptan, una forma de vida que pocos toleran. Era de un ser muy altruista la decisión de Rosalinda, aunque dentro en lo profundo de su corazón existían un sinfín de dudas.

A pesar de todo Berta estuvo a su lado durante todo el embrazo y Rosalinda le hizo madrina de su hijo cuando nació. Aarón nació un 27 de julio, peso tres kilos y trescientos cincuenta gramos, era perfecto, excepto en una cosa, eso que Rosalinda había sabido desde hacía meses, era un niño con el síndrome de Down, pero ella lo veía perfecto y así fue durante el tiempo que ella lo cuido, lo amo y se desvivió por él. Rosalinda tenía las cosas claras, cuando le comunicó a Berta que deseaba que fuera su madrina, había un trasfondo, sabía que quizás ella no viviría el tiempo suficiente para cuidar de Aarón, Berta tenía dieciséis años menos que ella, por lo tanto viviría más tiempo que Aarón, y ella podría cuidarlo si algo le pasaba a Rosalinda.

Cuando Aarón cumplió los siete años Rosalinda llamó a Berta y le dijo que quería hablar con ella, Berta se lo tomó como algo normal, siempre había contado con ella para todo. Cuando Berta llego a casa de Rosalinda, la encontró sentada en el sofá, con unos papeles en las manos, estaba absorta, mirando fijamente a sus manos, al papel que tenía apretándolo entre sus finas manos. Berta se quedo preocupada, y se acerco a ella, y se sentó a su lado sin decirle nada. Al cabo de unos pocos minutos, Rosalinda se puso a llorar, las lágrimas corrían despacio, resbalando poco a poco por su bello rostro, como si no quisieran llegar al final del camino.
- ¿Qué te pasa, amor, te ha sucedido algo? – dijo Berta para intentar romper ese témpano de hielo que parecía tener delante de ella.
- No, solo estaba recordando.
- ¿Recordando que?, estás sensible, Rosalinda, creo que deberías tomarte unas vacaciones, irte con tu marido a un lugar donde por unos días dejaras la rutina que llevas.
- ¿Tu crees?, ¿Y Aarón, donde lo dejaría?, él me necesita, no creo que fuera una buena idea.
- Creo que estas muy equivocada, porque te fueras unos días él no te lo echaría en cara, llevas muchos años dedicándote en cuerpo y alma a él y creo que te mereces un descanso. Yo me cuidaría de él. Sabes que me encantan los chicos y además Aarón es como si fuera un hijo para mi. Así que creo que lo que tienes que hacer es las maletas e irte a pasar unas maravillosas vacaciones.
- No sé, creo que sería muy egoísta por mi parte dejarte esa responsabilidad.
- No, nada de eso, yo me quedo con él y tú te vas. –Berta fue tajante con Rosalinda, ella se estaba dando cuenta de que estaba dejándose la vida, no disfrutaba de nada, no vivía, solo dedicaba todo su tiempo a su hijo.
- Esta bien se lo comentare a mi marido y nos podríamos ir unos días a descansar.
- A descansar no, a recobrar vuestra vida, a hacer esas cosas que creo que no haceís hace mucho tiempo, a disfrutar del amanecer, a beber una noche hasta desmayaros, a recobrar esa chispa que veo que habéis perdido hace tiempo…
- ¿Pero que dices?, tu que sabrás –dijo Rosalinda
- Creo que nada más hay que mirarte para ver que estas un poco oxidada, ja,ja,ja..-se rio con una carcajada que le salió del corazón. Intentaba poner un poco de humor, intentaba que Rosalinda se riera un poco.

Rosalinda hablo con su marido y decidieron irse unos días a un lugar apartado de todo lo que les rodeaba, Román se puso contento de que ella quisiera pasar unas vacaciones con él, hacía meses que su relación estaba totalmente apagada, él no decía nada, pero en la soledad de la noche pensaba que le había dejado de querer, desde hacía varios años no tenían nada de contacto físico, apenas hablaban, la relación se había perdido poco a poco, estaba como apagada, solo había un fin y era Aarón, todo se relacionaba con él, la vida se basaba en todo lo relacionado con el bienestar de su hijo. Pero, Román no decía nada, al contrario en sus días malos intentaba por todos los medios reprimirse, no demostrar ese descontento, esa ausencia de todo que le estaba ahogando.