Aaron el niño inocente.

Aarón el niño inocente.

Salió corriendo de casa porque llegaba tarde, Aarón era un niño de doce años, muy abierto, siempre estaba jugando con todos, le daba igual que fueran niño de su edad como si eran personas mayores, tenía esa especie de atracción y empatía hacía los demás. Hoy tenía su primera clase de manualidades, sus padres al trabajar todo el día lo habían apuntado para que no estuviera solo en casa. Le había causado mucha alegría, le encantaba hacer muñecos de papel, de madera, o cualquier material que pudiera transformar con sus pequeñas manos. A pesar de tener doce años Aarón era bastante pequeño, todavía no había dado el cambio.
Aquella tarde había salido más tarde del colegio, la señorita Rosa les había estado explicando un tema muy interesante, les había hablado de política, pero no de los políticos, sino de lo que representaba la política en un país, que era lo que debían hacer ellos para conseguir una sociedad en progreso y bienestar. Cada miércoles se escogía un tema y el viernes por la tarde de hacía una especie de conferencia entre todos. Los jueves se elegían preguntas que ellos harían sobre el tema a la señorita, también debían de documentarse por medio de la prensa y la biblioteca. Era una forma de que los alumnos cogieran gusto a los temas de actualidad y estuvieran informados de lo que pasaba en el mundo.
La señorita Rosa era una mujer de unos cuarenta años, delgada, bajita y siempre con la sonrisa en los labios. Pocas veces la habían visto enfadada. Tenía una psicología especial para tratar a los chicos, pero en especial a los de doce a catorce años.
A Aarón le gustaba mucho su forma de ser, la señorita Rosa para él era especial, a parte de lo cariñosa que era, Aarón sentía su fuerza, su energía, era un niño especial, Aarón tenía cara de chinito como lo llamaban en su barrio, algunos niños se burlaban de él, por su físico, pero él era feliz, era totalmente feliz, tenía lo más importante que se puede tener que es el amor de sus padres.

Sus padres lo habían tenido ya mayores, su madre Rosalinda tenía cuarenta y cinco años cuando le dio a luz, todos la criticaban porque era muy mayor para tener un hijo, pero ella era feliz, quería tener un hijo y lo tuvo. A pesar de todo lo que sucedió ella no se detuvo, deseaba tener un hijo más que nada en el mundo. El doctor Romero la advirtió, podía salir mal, el niño podría tener problemas, y cuando estaba de cuatro meses detectaron que el niño tenía el síndrome de Down. Ella no quiso saber nada sobre las opciones que le propuso el medico, tendría a su hijo, si tenía que ser especial sería especial. Su marido se quedo perplejo, no entendía su posición, hoy en día había la posibilidad de abortar, pero ella se negó rotundamente, hasta el extremo de separarse si su marido no compartía con ella su decisión. Román no tuvo otra alternativa, la quería, era su amor, era la persona que más quería en esta vida y por ello sabía lo que era para ella tener un hijo, optó por no decir nada, que ella siguiera con el embarazo. Estaba tan ilusionada, la cara se le floreció, estaba cada día contenta, apasionada, por comprar ropa, la habitación, era espectacular verla y Román la acompañaba siempre en todas las tareas que ella estaba desarrollando. La habitación había que arreglarla, así que él se dedico a la pintura, el mobiliario y demás. Rosalinda iba de compras y miraba, y miraba las tiendas. A veces le acompañaba su mejor amiga Berta, ella era como Rosalinda, siempre riendo, siempre con la sonrisa en la boca a pesar de que su vida no era nada agraciada. Pero, a veces, las personas más desgraciadas, con más problemas son las que ven la vida de colores, como decía Berta, es así la vida, que le vamos a hacer, hay que vivir lo más felices que podamos, sino que sería de nosotros. Berta a veces le hablaba con toda libertad, le decía a Rosalinda si se lo había pensado bien, lo del niño, que era para toda la vida, que esa persona necesitaría de los padres siempre, no se iría de casa, no se casaría, no tendría hijos, no trabajaría…entonces Rosalinda se la quedaba mirando y le decía:
- ¿Por qué no va trabajar, a casarse, a tener una vida un poco normal?...Creo que si lo educamos bien puede ser un chico normal.

Seguirá......