“SOLA” por Lois Tarranco

Aquella noche se quedaba sola, pocas veces pasaba, estar sola sin marido, sin hacer cenas….. Cuando te quedas un día sin marido, hijo, es una gozada, comes cuando te apetece, ves la tele, el canal que quieres, y te apropias del sofá que siempre lo tienen secuestrado. Iba hacía la portería, cuando se dio cuenta de que alguien le seguía, no se si era una corazonada, o simplemente el sentir de una sensación de miedo. Sin mirar hacía atrás, pensó que podía ir a tomar una cerveza así despistaría a esa persona. Entró en el Bar Tonet, allí le conocían hace diecisiete años, además eran como de la familia. Cuando entró, Tomás le miró fijamente, su expresión era de miedo, no de susto, sino de miedo. Le explicó que desde hacía rato estaba sintiendo la presencia de alguien que le seguía. Se tranquilizó hablando y diciéndose que seguramente era alguien que llevaba el mismo camino que ella. Estuvo una hora hablando y a las nueve se fue a casa. Entró en la portería y sin vacilar subió por las escaleras rápidamente. Cuando llegó al rellano abrió la puerta, entró y cerró con el pestillo, no era miedosa, pero aquella noche había notado que algo se presagiaba, una sensación inusual y fría en su cuerpo.
Se puse el pijama y se sentó en el sofá con una manta encima, encogida sobre sus rodillas y mirando fijamente a la puerta. No cenó, no vio la tele, se quedó observando la puerta de entrada. A las doce de la noche aun no tenía sueño, cuando de repente sonó un golpe en la puerta de casa. Se quede paralizada, no podía ni mover un solo dedo. Alguien estaba tras la puerta, tenía que hacer algo. Se levantó con un sudor frió recorriendo su frente, poco a poco y descalza fue sigilosamente a ver si por la mirilla de la puerta podía ver algo o alguien. La luz de la escalera estaba apagada, no se veía nada, intentaba apretar su ojo contra la mirilla para ver algo pero todo estaba oscuro, tan solo una pequeña lucecita al fondo, la de emergencias. No sabia que hacer, estaba horrorizada y sola. Aquella noche que tenía que haber disfrutado de su soledad, lo estaba pasando peor que nunca.
A los diez minutos se volvió a oír un ruido, esta vez no era un golpe, era un ruido estridente, frenético, como si estuvieran pasando algún objeto por la puerta, era como una llave rasgando la puerta, entonces pregunte:
-¿Hay alguien ahí?, por favor, contesté, ¿hay alguien detrás de la puerta?- Sus palabras entrecortadas temblaban no sabía si quería oír una respuesta, o si quería no oir nada, ni una palabra que le hiciera presentir que alguien estaba detrás de la puerta, pero si no le contestaban..¿Que era ese sonido, esos golpes?..No abrió la puerta.
Nadie contesto, durante toda la noche estuvo escuchando esos horrendos ruidos que no la dejaron dormir, al día siguiente por la mañana no quería salir de casa, estaba totalmente desquiciada, llamó al trabajo y dijo que no iba que estaba con fiebre. Se quedo dentro encerrada, durante cinco días. Durante varios días no salió de la habitación, se encerró en ella, no comió, no descolgó el teléfono, y no fue al lavabo.
Cuando llego su marido a casa, después de varios días de viaje, intento abrir la puerta, asustado por la ausencia de su mujer llamo a un cerrajero, la puerta estaba bloqueada por dentro. Cuando entro en casa no se podía soportar la hedor, entro en la habitación y le vio allí encogida en un rincón, sucia, temblando y diciendo incoherencias, aquel fue el ultimo día que estuvo en casa, no volvió a hablar, a hacer nada por si sola. Aquella noche que debería haber sido tranquila fue su muerte, su destrucción. A veces, lo que deseamos tanto nos puede matar.