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Geni había aprobado los estudios para poder ser bibliotecaria y auxiliar de archivo, cuando tubo el título pidió al Ayuntamiento que propusieran al pueblo una convocatoria

para ocupar la plaza de Auxiliar de Archivo en el museo local. En la reunión del mes de junio se aprobó en el pleno: “Se convocaba a las personas nacidas en el pueblo, con estudios medios, con una edad entre veinticinco y treinta y ocho años a cubrir el puesto de Auxiliar de Archivo y Guía del Museo de la Vila”.
Los exámenes fueron convocados y a los pocos días se pusieron en el tablón de anuncios los exámenes, las clasificaciones y el nombre de la persona que iba a ocupar el cargo.
Geni, saltó de alegría poniéndose en ese momento a llorar, no se podía creer lo que estaba leyendo en el panel de anuncios del Ayuntamiento, su nombre estaba allí escrito, era la persona que iba a ocupar el puesto de Auxiliar de archivo y Guía cultural del museo.
Durante más de cinco meses recogió toda la información que pudo encontrar, gracias a muchas personas del pueblo y la ayuda incondicional de un hombre que estaba en otra ciudad, había sido arqueólogo y sabía mucho sobre el tema. Junto todos los archivos que durante años estuvieron escondidos en un cajón de una ciudad ahora un poco olvidada, Geni tenía varias cajas llenas de papeles para clasificar por fechas, lugares e importancia. Para este menester necesitaba la ayuda de alguien, pero alguien que viviera intensamente lo que estaba a punto de descubrir, alguien que fuera cauto y sobre todo una tumba, ya que no debía salir nada a la luz hasta que se sacaran unas conclusiones firmes, y pensó que quien mejor que su propio hijo Aradin.
Ese mismo día Geni y Aradin se encerraron en una habitación que había detrás del ala izquierda del museo, era una especie de despacho, pequeño y húmedo, sin prácticamente luz, Geni había ido de compras y había decorado ese despacho, para poder estar más a gusto en los momentos que tenía que hacer algún tipo de gestión, su gusto para la decoración era exquisita.
En aquel despacho había una mesa grande de roble, allí pusieron ordenadamente todos los documentos que habían estado archivando, pero el más importante era el papiro, estaba gastado, y roto por varios sitios, pero en la punta inferior izquierda y verticalmente, había una especie de numeración con tres letras: “1955JD0905R”. Aquello no les decía prácticamente nada, pero, tenían que ir poco a poco, para ir descubriendo que significaba aquello, empezaron pensando que podía ser la situación de algún lugar, la fecha de algún acontecimiento o jeroglífico para descubrir alguna cosa sobre el papiro.