Continuación......
Roke salió corriendo detrás de él, pero no logró saber por donde se habÃa ido. Entró en el restaurante y pidió para comer habÃa reservado mesa y en este restaurante se pagaba por adelantado la reserva. Además pensó que quizá era mejor dejar a Iñaki en estos momentos solo.
Iñaki se fue corriendo por una de las calles estrechas de la ciudad, iba caminando con la cabeza mirando el suelo, sin rumbo ni sentido, habÃa estado casi a punto de desvelar el secreto mejor guardado, lo único que le preocupaba en estos momentos, el verdadero sentido de su vida, y no habÃa tenido valor. Ahora no sabÃa como actuar, vivÃa con él y le debÃa una explicación a la conducta que últimamente estaba teniendo con la persona que más querÃa, la que habÃa estado más tiempo a su lado, pero también alguien que no podÃa perder. Se preguntaba porque no habÃa tenido el valor de preguntarle, de contarle lo que le estaba sucediendo, quizá el miedo al desprecio, al abandono, o la repulsión por su condición era lo que le paraba, lo que le catapultaba en el fondo de su existencia. Pero habÃa llegado un momento en que debÃa tener el valor de confesar ese amor que sentÃa aún sabiendo que Roke era heterosexual, que le pirraban las mujeres, siempre que salÃan era el prÃncipe de las fiestas, el que ligaba, el que todas querÃan estar con él.
Iñaki volvió a casa sobre las once de la noche, no estaba Roke, le extraño normalmente no salÃa de noche entre semana, pero quizá le habÃa surgido algo. No por costumbre, pero alguna vez lo habÃan llamado del servicio técnico del Ayuntamiento si habÃa algún problema técnico en los transportes nocturnos.
Fue a la cocina y se preparo un bocadillo, puso la televisión estaban emitiendo un partido de básquet, no le iban muchos los deportes, pero en aquel momento toda su atención, todos sus pensamientos no estaban en aquel aparato ni en lo que estaban emitiendo, asà que le daba igual el canal que fuera. De repente se oyó un ruido en la habitación de Roke, se oÃan voces, susurros más exactamente, Iñaki se sobresalto, no habÃa oÃdo nada al entrar, ni tan siquiera un pequeño sonido que le hubiera hecho pensar que estaba en casa.
Se levantó fue hacÃa la puerta de la habitación de Roke y escuchó pegando el lóbulo de la oreja en la frÃa puerta de madera, se oÃan susurros, no hablaba, simplemente el sonido del placer, eran dos voces diferentes, no sabÃa que hacer entrar o esperar que acabaran lo que estaban haciendo. Iñaki seguÃa pegado a la puerta, no podÃa dejar de escuchar, intentaba y rogaba que hablaran, que dijeran alguna palabra, pero lo único que se oÃa era el quejido del placer.
Aturdido se separo de la puerta y fue a la cocina, bebió un vaso de agua frÃa, estaba temblando, le sudaban las manos, empezaba a sentir esa irá, ese odio que se siente cuando alguien te traiciona, pero Roke no lo habÃa traicionado, nunca habÃa tenido más relación que la pura amistad, compañeros desde niños, pero nada más. No tenÃa ningún derecho a odiarle, él hacÃa su vida, y nadie tenÃa derecho a inmiscuirse en ella.
Pero la tensión se estaba apoderando de Iñaki, abrió el mueble bar cogio una botella de Ginebra, la abrió y sin pensarlo empezó a bebérsela como si fuera agua, de un trago se habÃa bebido la mitad, la cabeza ahora le empezaba a dar vueltas, se sentÃa mal y le empezaban a entrar nauseas, casi sin conocimiento se fue directamente a la puerta de Roke, cogió la maneta de la puerta y de un empujón entró en la habitación.
La visión captada por sus ojos hizo que de repente vomitará como pocas veces lo habÃa hecho, una gran bocanada de ginebra, que era lo único que llevaba en el estomago a esas horas de la noche, ya que no habÃa comido nada durante el dÃa, salió en forma de fuente de su boca ensuciando el suelo. Allà estaban, uno encima del otro, al principio no creyó lo que estaba viendo, pero el impacto de aquella imagen habÃa hecho que se le pasará el mareo, de repente estaba más sereno que nunca y delante suyo Roke y su jefe, el señor Tomás Ripley, era una locura, no estaba pasando, aquello era un sueño.


