Hola amigos empiezo otro relato, aunque este nada más tendrá tres entregas, así que no desesperéis para saber el final....y ya me contareis. Un besote Marola

Iñaki desde que tenía uso de razón sentía en su interior una especie de terror, un miedo que lo lanzaba siempre a cohibirse, a no hacer ni decir lo que el deseaba. Había nacido en una familia humilde, a las afueras de un pueblo perdido de llamado Elosu. La vida en este lugar era apacible, sencilla, tan solo unos pocos habitantes en el pueblo, pero la vida era la más maravillosa, vegetación, agua, paisajes exuberantes, todo aquello que cualquier persona desearía. Iñaki había nacido en casa, normalmente en invierno estos pueblos quedaban aislados por las nieves, pero la gente estaba acostumbrada. Desde épocas, que ni se recuerdan todos preparaban el invierno, llenaban las bodegas de comida, una buena reserva de leña que hacía que los inviernos para ellos fueran los más normales.
A los 6 años Iñaki tenía que ir al colegio, debía atravesar caminos y zonas que en aquellos tiempos no tenían las comodidades de ahora, pero con toda la ilusión se ponía la mochila en la espalda y recorría los varios kilómetros que separaban su casa del pueblo donde estaba el colegio. En la clase tan solo había cinco alumnos, pero el profesor decía que era una gran ventaja, las enseñanzas que les podía dar eran mejores que en los colegios privados. En casi todas las aulas de los colegios se amontonaban los alumnos, eran una media de 20 a 40 personas, el profesor a veces no podía con ellos. Así que donde iba Iñaki era perfecto, tan solo cinco niños para un solo profesor.
Cuando acabo los estudios primarios, Iñaki tenía que seguir estudiando, había sacado muy buenas notas y sus padres creyeron que lo mejor era llevarlo a un buen colegio, tendrían que hacer un gran esfuerzo ya que se tendría que quedar en un internado durante la semana, pero valía la pena por su futuro.
A los 14 años Iñaki tenía un cuerpo desarrollado, era guapo, aunque el acné había hecho un poco de estragos en su cara. A él no le importaba, pensaba que la belleza se lleva en el interior, sus padres siempre le había dicho que la belleza con el tiempo te abandona, te deja huérfano, pero lo que llevas en el interior es como una flor, como una planta, si la cuidas siempre estará dentro de ti, a veces se irá, pero en la primavera vuelven a florecer. Le habían inculcado los mejores valores, la lucha por ser buena persona, vivir siempre en paz con uno mismo, y sobre todo ser feliz.
Los años de estudios pasaban e Iñaki se iba formando como persona, como estudiante y finalmente al acabar la carrera decidió dejar el pueblo y empezar su vida en la ciudad, había conseguido la mejor nota de su promoción y algunas empresas estaban interesadas en su formación.
En aquel año todo fue bien, tenia un trabajo que le permitió buscarse un piso, vivir holgadamente y enviar dinero a sus padres. Cosa que hacía cada mes, estaba realmente orgulloso de que en la casa del pueblo sus padres habían instalado calefacción, había arreglado la casa para tener unas mejores comodidades y hasta su padre se había comprado una furgoneta para ir a comprar a los pueblos de los alrededor.

En aquella época Iñaki llevaba en su interior esa pesadumbre de no saber realmente quien era, desde que tuvo uso de razón había sentido algo diferente en su cuerpo, de pequeño lo había podido disimilar pero ahora tenía veinticuatro años, y aquello se había acrecentado, vivía con miedo de no poder expresar su forma de ser, sus sentimientos hacía quien desde hacía varios años le había provocado la más angustiosa de las pesadillas y la más maravillosa sensación de amor. Desde la Universidad su mejor amigo y compañero de habitación fue Roke, pasaba prácticamente todo el día junto a Iñaki, habían estudiado juntos y eran grandes amigos, pero Iñaki no lo veía así, a pesar de su gran amistad para Iñaki, Roke era algo más. Se había enamorado, había escondido dentro del rincón más profundo todo aquello que sentía por él, amor, un amor en silencio que le producía el dolor más grande en su corazón. Roke no se había dado cuenta, de momento, pensaba que simplemente les unía eso que se llama amistad, una gran amistad y compañerismo. Cuando acabaron las carreras Roke le propuso a Iñaki alquilar un piso y vivir juntos, aquello fue como un milagro, sin tener que pedírselo había sido Roke el que lo propuso. Roke era ingeniero técnico en transportes urbanos, un genio de la electrónica, Iñaki por el contrario había hecho la carrera de abogacía, ahora trabajaba en uno de las más prestigiosos Bufets de la ciudad, entre los dos pagaban el apartamento que había alquilado y cubrían gastos. Después de eso les quedaba más de la tercera parte de su sueldo. Vivían bien pero, poco a poco, Iñaki iba sumiéndose en un estado de enfermedad interior, un dolor del alma y cada vez que veía a Roke en el baño, cada vez que lo veía con una mujer estallaba dentro de si una terrible irá que hacía que desapareciera del lugar, se iba de su lado para no perder el sentido.
En pocos meses Roke se dio cuenta que Iñaki se estaba distanciando, empezaba a darle excusas para salir juntos, intentaba no coincidir en el apartamento a horas que sabía que Roke estaba, poco a poco dejo de salir, se iba a la biblioteca y allí estaba hasta altas horas de la noche, ponía la excusa de que tenía un caso importante y tenía que dedicarle 48 horas al día.
Un día Roke se dio cuenta de que Iñaki se estaba separando de él, lo evitaba, no salía nunca con él, no hablaban como antes, siempre había un motivo para no juntarse, así que decidió poner fin a aquella situación, le dijo que tenían que quedar en un restaurante que había un compañero que necesitaba a un abogado y se lo había recomendado. Iñaki no imaginó que era una trampa así que quedaron a las nueve el restaurante las Neiras.
Cuando Iñaki llegó se extraño que no estuviera el amigo de Roke, este le pidió que se sentará y le contará que estaba pasando, llevaban más de diez años juntos y ahora de repente su actitud hacía él era algo extraña.
- Mira Roke no pasa nada, simplemente estoy cansado, llevamos mucho estrés estamos en varios casos juntos y necesito toda la concentración posible.-le dijo Iñaki intentando sacárselo de encima, intentando que su amigo no se diera cuenta de cual era la verdadera razón de aquel alejamiento.-
- No me engañes, creo que esa no es la razón, me gustaría que fueras sincero conmigo, no entiendo esta actitud hacía mi, éramos grandes amigos, hemos estado muchos años juntos, nos lo contamos todo..¿no..?..o, ¿no me has contado todo, hay algo que debiera saber, Iñaki?-le pregunto Roke con un cierto tono de coacción para ver si Iñaki decía algo.-
- No, no te oculto nada, de verás…-la voz de Iñaki lo había delatado, en ese momento lo delato la inesperada torpeza, de repente se puso a tartamudear, haciendo que Roke se diera cuenta de que le estaba ocultando algo, algo gordo y grande porque siempre se lo habían dicho todo.
- Pues entonces, ¿porque tartamudeas, te ha pasado algo, tienes algún problema con alguien?, es que no tienes la suficiente confianza para contárselo a tu mejor amigo, a tu casi herma….-antes de pronunciar aquella palabra de repente Iñaki se puso las manos en la cara y contesto a Roke..-
- Tu no eres mi hermano, jamás lo serás ni he deseado nunca eso, para mi eres…eres…, no puedo decírtelo, es algo que me esta carcomiendo por dentro, lo siento. -Iñaki se levanto rápidamente y de repente hecho a correr hacía la salida del restaurante, dejando con la boca abierta a Roke.