CAPITULO 19

Durante esa tarde Richard se entero de algo que le afectaría para siempre, entonces fue cuando empezó a guardar información, todos los datos importantes de los último tres años, con quien había trabajado, a quien visito, donde estuvo, tenía que prepararse una buena defensa y sabia que eso era lo único que le salvaría de la cárcel, aun siendo inocente. Alguien lo quería apartar del medio, tenía que haber algo gordo, algo muy importante para que alguien quisiera que Richard no estuviera en circulación.

Ahora sus datos estaban cambiados por los de Carlos Gómez, Berta había cambiado los datos personales, pero no tenían el ADN, las huellas que tenía la policía se que eran de Richard, pero el ADN no se podía cambiar.
A los tres meses Richard había hecho una especie de diario que explicaba todos sus movimientos en un plazo anterior a tres años. Dentro de dos semanas tenían el primer juicio, el abogado lo preparo todo, pero no estaba muy satisfecho, durante ese tiempo varios de los testigos que había visitado para que declararan en el juicio habían desaparecido, otros había tenía un accidente, esto empezaba a oler mal.

Mientras tanto Berta había dejado de existir, no se sabía nada de ella, fue como si se la hubiera tragado la tierra. La empresa Quimicalgala la dirigían varias personas, había un pacto de silencio, de las visitas que hizo Richard para intentar comprender que es lo que estaba pasando en aquella empresa, fue imposible, se tomaron unas medidas de seguridad que era imposible poder acceder a cualquier rincón de aquel lugar. El pretexto de la negativa a dejar entrar a alguien era la seguridad, según ellos estaban trabajando en un proyecto de alto riesgo, no se podía dejar entrar a ninguna persona ajena a aquella empresa. Lo curioso fue que durante ese tiempo nadie salía de la empresa, se construyeron casas interiores y vivían en el recinto.
Richard no pudo conseguir nada, todo fue inútil. El día del juicio, cuando entró en la Sala alguien le dio un papel en la mano, lo miró fijamente y le hizo una señal con el dedo tocándose los labios, era la señal del silencio. No reconoció a la persona que le entrego la nota, simplemente se la metió en el bolsillo y se sentó. Miraba, buscaba alguien en la Sala, entre los asistentes o los testigos, pero no reconoció a nadie.

En casa……

Rony estaba en un rincón hacía días que no ladraba no decía nada, Remedios le preguntó a Martos si había notado lo mismo que ella, este le dijo que lo veía triste, deprimido, quizá deberíamos sacarlo más a menudo, o llevarlo al veterinario, quizá tenga alguna enfermedad y no sepamos que es. Decidieron llevarlo al medico, este le diagnostico una enfermedad degenerativa, poco a poco se iba consumiendo por dentro, el dolor era muy fuerte, y sufriría, el veterinario les aconsejo que si con el tratamiento que les iba a dar no respondía lo mejor era sacrificarlo. Cuando Martos oyó esa palabra se enfureció, salió de la consulta y salió a la calle, mientras Remedios pagaba al doctor y se disculpaba.
- No creo que debamos deshacernos de Rony, para mi a sido mi compañía durante mucho tiempo, ¿crees que cuando alguien está enfermo lo debes abandonar, tirar como una colilla?, creo que todos nos merecemos un respeto, y los animales también. No dejaré que nadie mate a Rony.- Martos se puso a llorar, había algo en ese perro que le hacía sentir una sensación diferente, una especie de lazo, de unión personal que solo él notaba.
- Bueno, persona yo solo quería que no sufriera, sabes que ha veces somos egoístas, no nos queremos desprender de los animales, de las personas, pero, por puro egoísmo, simplemente por nosotros, sin pensar que ese otra persona o animal esta sufriendo y que posiblemente desearía dejar de padecer.
- ¿Nos vamos a casa?, hoy estoy mal, no me siento bien, algo presiento.-dijo Martos, con la expresión realmente exhausta, asustada y pálida.