CAPITULO 11

Martos un poco mareado por las copas que se había estado tomando para poder tener el valor de contarle a Richard lo que había sucedido, se dirigió al despacho, entró, cerro la puerta de golpe y se fue directo al despacho de Richard. Este al ver el aspecto de Martos…
- Vaya, chico ¿te ha pasado un tren por encima? Ja,ja,ja,..-dijo riéndose de su aspecto desastroso.
- No, no me ha pasado un tren, pero si te soy sincero estoy deseando que lo haga…-se desplomo en uno de los sillones que había frente la mesa de Richard, este le miro fijamente a los ojos, no lo había visto jamás con ese aspecto.
- Bueno, ¿Qué te pasa?, no te he visto jamás así, espero que no sea una mujer, ja,ja,ja…-Richard siempre estaba de guasa, así que en ese momento Martos no sabía como empezar, se estaba quedando sin habla, sin aliento y sin sentido.
- Tengo que explicarte algo que seguramente no me perdonaras jamás, es algo muy difícil de asimilar, y seguramente después de contártelo no volveremos a ser los mismos, quiero que me escuches con atención, que no me interrumpas y que no te pongas a gritar.- su voz era entrecortada, triste y con una especie de terror que le absorbía todo su ser.
- Bueno, no se que es, pero empieza a desembuchar, hoy viene un cliente nuevo, y la verdad espero que la cosa siga así, el negocio va muy bien, no sé en que te habrás metido…-sin poder acabar Martos se levantó del sillón y se puso de espaldas a Richard y empezó a contarle lo sucedido……..

No se oyó nada, ni una sola palabra, simplemente Richard cogió la chaqueta y salió del despacho.

Durante varios días no supo nada de él. Empezó a preocuparse cuando un día llamó su madre, nunca dejaba de llamarla, cada semana hablaba dos veces, y le extraño que no le hubiera llamado en aquella semana.
Martos le dijo que no se preocupara que intentaría localizarlo, que tenían mucho trabajo y quizá con el estrés de esos días no se acordó de llamarla.
Martos sabia que había sucedido algo, no era normal, Richard aún siendo alocado, vividor y alocado era responsable como pocas personas, sobre todo con la familia y los amigos.
Martos estaba preocupado, así que fue a su apartamento, llamo y espero, pero nadie abrió, no se oían ruidos, todo estaba en silencio, como tenía una llave entró.
No podía imaginarse lo que estaba a punto de ver, entró en la habitación de Richard y lo encontró en el suelo, a su lado un charco de sangre delató que se había hecho algún corte, Martos se agacho intentó mirar de donde era la sangre y al girarle los brazos lo vio, se había cortado las venas.
Martos empezó a gritar como una animal, gritaba no,no,noooooo!!! Se daba golpes en la cabeza, no podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido, la vida de Richard en el suelo, muerto, por su culpa. Los vecinos oyeron los gritos y se acercó un señor a la puerta, entró y vio la escena, cogió a Martos por el brazo para apartarlo del lugar, pero Martos se agachaba y abrazaba el cuerpo ya frió de Richard, lo apretaba a su pecho con fuerza como imaginando que iba a despertar, lo acunaba como si su cabeza fuera un bebe queriendo dormir lo.

Llegó la policía y llamaron al Juez y se lo llevaron a Richard y a Martos al Hospital Central, allí le dieron tranquilizantes y le hicieron varias pruebas. A las tres horas el medico le dio el alta y le recomendó que se fuera unos días fuera que se alejara de todo lo que hasta ahora le haría recordar a Richard. Martos no quería ir a ningún lugar, solo dormir, solo dejar de pensar y hasta de vivir. Aquel mismo día al salir del Hospital Martos se sentó en un banco, un banco amarillo del parque, estuvo sentado con la mirada perdida hasta…….

Remedios no dijo nada, no podía creer que pasó, se había suicidado Richard y Martos lo hizo de otra forma, no tuvo el valor de quitarse la vida, pero lo había hecho de una forma más cruda, más cruel, creándose una cadena perpetua, una vida de recuerdos que cada día le maltrataban, cada día le recordaban que él había sido el culpable de la muerte de su mejor amigo, una tortura perpetua de la que no pudo resistir y decidió vivir en la calle, sin nada ni nadie.