Capitulo 10

La secretaria llamó por teléfono y le hizo pasar al despacho de Berta. Cuando Martos entró se quedo mudo, era un despacho que ocupaba toda la planta, las paredes eran todas ventanales desde los cuales podías ver toda la cuidad, en el centro una mesa grande, el suelo era de parket con una gran alfombre roja que cubría la parte central del despacho, Berta estaba sentada tras una gran mesa de cristal negro, tenía un ordenador portátil, una foto, y un juego de piel de escritorio. Cuando ella vio a Martos quedó un poco ruborizada, Richard era más descarado, más abierto sin embargo a Berta las personas como Martos la intimidaban mucho.
-¿Qué deseas Martos, creo que cerramos el negocio hace dos semanas, no? –pregunto Berta con unas suaves palabras-
-Si creo que si, pero hay algo que no entiendo, algo raro está pasando desde hace exactamente dos semanas, desde que te llevaste el programa y la verdad me está preocupando, ¿ya sabes de que hablo no…..? – la voz de Martos no era la de aquella persona que había conocido hacía dos semanas, está vez la voz delataba enfado, algo había pasado porque el tono de Matos era de sospechar que había alguna cosa que no iba bien.
-Pues tú dirás, yo compre el programa y lo pague no hay nada más. –dijo Berta con un poco de sarcasmo-
-Si, pero da la casualidad que me ha llamado un amigo mío y ¿sabes? me ha contado algo que no entiendo, se está vendiendo el programa a partes, a personas que no deberían ni siquiera saber que existe. ¿Tu no sabrás nada verdad?..-pregunto Martos.
-Yo, no ya te dije que el programa lo necesitaba para mi empresa, y no quiero arriesgar nada, es un legado de mi familia, ¿crees que haría copias y vendería el programa a personas que no saben utilizarlo o que lo utilizarían para hacer daño a personas inocentes?...ja,ja,ja..no me conoces.
-Creo que si te conozco, antes de vender el programa me informe bien de ti y tu familia, ahora la reputación está por las nubes, ¿Cómo lo hicisteis? Porque me he enterado de cosas que si salieran a la luz no te harían ningún bien.
-No sabes nada, eres un desgraciado, como te atreves a entrar aquí sin ningún tipo de respeto y empezar a insultarme, crees que no he luchad en está maldita vida, crees que no he tenido que superar las mayores barreras de las que te puedas imaginar. Una mujer no lo tiene igual que un hombre y menos para dirigir una empresa. No vas a romper todo eso, te lo aseguro. – Cogio el teléfono y llamó a la secretaria diciéndole que el señor Martos se iba.
-Creo que nos veremos, y creo que te he descubierto, más vale que te busques un buen abogado porque de está no te será tan fácil salir, está vez no tienes a tu papá o a tu abuelo. He investigado sobre ti y tus triquiñuelas en los negocios, y creo que no eres esa irreprochable mujer de negocios, creo que estas metida en algunos asuntos que no te convienen. –Martos salió del despacho golpeando fuertemente la puerta.
Estaba enfadado y nervioso, la base de datos del programa era algo que había tardado años en componer, un esfuerzo que no permitiría que otra persona se aprovechara, vendiendo la información por su cuenta. El programa era legal, había una serie de permisos estatales que habían tenido que legalizar, pero en el programa había un “clavo” como le habían llamado ellos, ese clavo era la entrada a otra base de datos ilegal, porque la información que en el había no estaba autorizada. En el clavo ellos iban introduciendo datos de varios departamentos gubernamentales, tales como Ministerios, policía, Tribunales, Juzgados, y datos secretos de personas que no existían. Aquello podía arruinar su vida y la de Richard, y este no tenía ni idea de aquello. Martos lo había introducido de una forma que nadie podría descubrirlo, pero lo que Martos no pensó que él no era el único genio informático.
Salió a la calle y se dirigió a un bar que había enfrente, pidió una copa y empezó a pensar que le explicaría a Richard, debía decírselo, y como explicarle su mutismo, eran socios, amigos desde hacía años y esto no le gustaría a Richard.
Estuvo sentado en aquel bar unas dos horas, cuando al fin se decidió ir al despacho y contarlo todo. No sabía de qué forma arreglarlo, ahora era ya imposible controlar aquellos datos, si Berta había descubierto el “clavo” y lo había introducido en su ordenador quedaría ubicado en el de ella, quedando clavado a ese ordenador y dejando de poder utilizarse y actualizarse en el de Richard. Aquello era un tragedia, a partir de ahí todo el esfuerzo, el negocio y el dinero se les acabaría.
El nombre de clavo era por eso, el programa atrapaba ese archivo y por un sistema complejo, toda la información quedaba clavada en un solo ordenador, aquello en principio era un modo de asegurar que la información no pasaría a nadie más, pero Martos se dejó de cerrar la puerta que hacía que el clavo quedara solo instaurado en el primer programa, al no hacerlo todas las copias que se hicieron del programa madre quedaron infectadas, y en ellas el clavo paso la información a todos ellos. Ahora o recuperaba los programas o tenía que destruir toda la base de datos desde su despacho, por medio de una conexión de usuarios en la red. El programa había sido fabricado para que siempre se supiera que datos migraban y cuales era visionados o utilizados y por quien. Aunque el programa estuviera a cientos o miles de kilómetros por medio del sistema creado por Martos estaba en red con su ordenador, por supuesto esto no lo sabían los clientes. Además si por algún motivo los datos eran utilizados de manera ilegal tenían la posibilidad de destruir el programa desde su base. Así por medio de un sistema llamado “hormiga”, en menos de tres minutos el cliente se quedaba sin programa.
Pero el error de Martos sobrepasaba todos los límites imaginables, ahora debía ir a buscar aquellos programas que se habían vendido con el clavo.