Capitulo 8

Gracias a la ayuda de su padre había conseguido ser ella la que continuaba con el negocio familiar. Ella tenía dos hermanos mayores que no quisieron seguir con el negocio familiar. Uno era pintor, había hecho la carrera de bellas artes y su hermano era piloto privado de avionetas, se dedicaba al negocio de excursiones en avionetas. Berta siempre estuvo muy unida a su padre, el negocio lo había empezado su abuelo y ahora ella, una mujer era la que continuaría. Su padre no estaba muy convencido de ello, era de mente cerrada, un poco machista, siempre había creído que la mujer no tenía la misma garra para los negocios que el hombre. Aunque hacía doce años que ella lo heredo y había conseguido superar las ventas y los beneficios. Eso fue lo que a su padre le convenció para dejarla al mando de la empresa. Después también de muchas presiones por parte de algunos inversores que no creían que Berta pudiera seguir como gerente de la misma, ella consiguió además tener en su poder el 99,99 por ciento de las acciones, eso hacía que nadie podría sacarla del cargo que ocupaba.

Al cabo de dos semanas el día de la entrega del programa se presentó en el despacho un hombre de unos cincuenta años, vestido con traje negro, alto y con una presencia impecable, era uno de los ayudantes de Berta. Tal como habían quedado pasó a recoger el programa. Richard le hizo pasar a su despacho y le entregó un paquete, era el programa con todas las instrucciones que debía tener en cuenta para su perfecto aprovechamiento. El hombre cogió el paquete y salio del despacho prácticamente sin decir palabra.

Los negocios iban bien, habíamos vendido ya cuatro programas y los gastos estaban cubiertos.
Una mañana de octubre se presento un hombre en el despacho, según explicaba venía de parte de Berta, era compañero y colega de ella, explicó a Richard y Martos que le había hablado del programa y él como propietario de una cadena de tiendas de aparatos electrónicos necesitaba el programa. Los recibieron en el despacho de Richard, le explicaron el proceso del programa y as condiciones que debía cumplir el comprador, además del contrato que debía firmar. Al marcharse aquel hombre Martos, notó algo raro en el, no parecía un empresario, el lenguaje no era el habitual de un hombre de negocios, más bien de una persona de clase baja, la forma de vestirse tampoco la notaba la correcta, pero no dijo nada. Richard como no se fijaba en esos detalles y siempre comentaba que la vestimenta no hace al monje, pero había muchas razones para pensar que aquel hombre no era quien decía. Le propuso a Richard que llamará a Berta y le comentara la visita de aquel colega suyo. Cuando Richard habló con ella, ella se quedo un poco sorprendida, no hablaba de negocios con colegas, y menos comentarle que tenía ese programa. Le comento a Richard que no entendía que podía suceder pero ella no había enviado a nadie.
Al principio tampoco le dieron mucha importancia, pero un día, Martos fue a visitar a Berta, con la excusa de las actualizaciones del programa e presentó en la central de oficinas de la empresa. Era un edificio nuevo de cinco plantas, todas de la empresa. Todas las plantas de la primera a la cuarta eran oficinas, la última era el despacho de Consejeros y Directores y la planta baja el vestíbulo con un sótano donde guardaban los archivos.
Martos se presento y dijo tener una entrevista con Berta Galán, subió a la quinta planta. La secretaria estaba en frente de los ascensores en una mesa color negro, muy grande, tenía dos teléfonos, varios archivadores y carpetas, además de una foto de ella con Berta. Era bastante impersonal aquel holl pero, muy moderno. Martos comentó a la secretaria que venía a realizar las actualizaciones del programa de Berta. La secretaria le preguntó si tenía cita, Martos dijo que no, pero que Berta le había dicho que no necesitaba cita cuando fuera a su despacho por temas del programa.