Capitulo 4

Rony intento que Remedios se sintiera tranquila no tenía mucho tiempo y empezó explicándole que es lo que tendría que hacer durante los próximos tres meses.
-Remedios, tu sabes que Martos es una persona buena, una persona que tenía una vida normal y de repente todo aquello le había costado parte de su vida lo perdió, pero no es que lo perdiera, lo dejó perder él mismo, se castigo, se dejó, sin justificación, le peso demasiado lo que había hecho y no pudo soportar la culpa. Tú ahora tienes que ayudarlo, tienes que hacer que salga de ese estado porque le queda poco tiempo, si sigue así morirá, desaparecerá y no podrá ser nunca eso que tanto deseó y lucho. Tu eres la única persona que le puede ayudar, y debes hacerlo.

-pero que quieres que haga por él, no quiere moverse de este lugar, no se dejara convencer por nadie para ir a un refugio para sin techos.-contesto Remedios.

-No lo has entendido, no tiene que ir a un hogar de esos, te lo tienes que llevar a tu casa, tienes que convivir tres meses contigo..-antes de que acabará la frase Remedios le cortó con una voz exaltada y nerviosa…

-No, no y no… eso si que no, yo le daré dinero, comida, ropa lo que quieras, pero no me lo llevó a casa, eso si que no. –Se levantó del banco e intentaba irse, pero una fuerza invisible, algo la estaba reteniendo, Rony empezó a moverse, y una extraña luz apareció entre los dos.
Aquella luz cegó por completo a Remedios sumergiéndola en un estado de inconsciencia, durante ese momento vio proyectadas en su mente todas las etapas de la vida que había llevado Martos, pero lo que no pudo comprender es el motivo de su degeneración tanto física como psicológica. Al pasó de las imágenes iba sintiendo el mismo dolor que había pasado Martos, las experiencias, las situaciones, todo ello ahora estaba en la mente de Remedios, y ella era la única que podía hacer algo.

La voz siguió dándole instrucciones, debía llevárselo a su casa, y tratar de convencerlo para que le diera la información que necesitaban. De pronto Remedios se dio cuenta que lo que realmente le pedían era información, algo que Martos llevaba dentro y que no podían conseguirlo sin que alguien cercano a él y que tuviera la suficiente confianza para contárselo.
Aunque Remedios en estos instantes estaba viendo muchas cosas, no conseguía adivinar que era exactamente lo que debía descubrir.
Cuando se dio cuenta estaba sentada en el mismo banco, aquel perro mugriento y hambriento seguía a su lado, se había sentado debajo del banco, y al lado de Remedios estaba Martos.

-Martos, ¿te gustaría venir a mi casa?, solo por un tiempo, una temporada, ahora empieza el frió y creo que no deberías vagar por este parque.-le salió como si hubiera sido cosa de ella, el ofrecimiento de una persona compasiva, cuando acabo de decir aquellas palabras casi no se lo creía.
-Bueno, no sé…la verdad es que hace tanto tiempo que no convivo con nadie que creo que me será muy difícil acostumbrarme, ¿ y a ti no te importa?-dijo con la mirada perdida, mirando al suelo, como si fuera algo que no podía tener respuesta.
-Si quiero que vengas a vivir conmigo al menos hasta que el frió pasé. Creo que nos llevaremos bien, y además me harás compañía.
-Yo acabo a las cinco de trabajar, te pasaré a buscar por aquí, ah! eso
si los cartones se quedan aquí, en casa no te hacen falta. Coge las cosas personales, que por lo que veo no son muchas.-dijo Remedios, con voz de mando.
-Gracias eres muy amable. –la voz de Martos era triste, cansada por el tiempo y la soledad.