Continuación....
El pajarillo le dijo al caballero, tienes que quitarte la armadura, esa es la condición que te debes cumplir, sino te la quitas la princesa no volverá, el rincón de las estrellas desaparecerá y mataras a todos los pajarillos, incluido yo.
Eso no puede ser, dijo el caballero, no puedo quitármela, si lo hiciera ella no me amaría.
¿Por qué no?- pregunto el pajarillo, después de todo ella ya te conoce, hace mucho tiempo, ella sabe como eres, y te ama…si no te la quitas, no volverá. Y eso no es lo que desea el caballero, ¿cierto?.
El caballero quedo mudo, no sabía que contestar, el no podía quitarse la armadura, ni quería quitársela, y sin embargo tampoco quería perder el amor de la princesa.
Ella no sabía quien era, el caballero durante aquel tiempo no se dio a conocer, ella solo conocía su voz, y el tacto de sus manos, tenía que hacer algo, y no sabía como.
La princesa había ido a un lugar llamado el Rincón de las Estrellas, un lugar al que acudían las princesas que soñaban con su caballero, un lugar donde solo existía el amor, allí ella entraría en el Rincón y pediría un deseo, ella deseaba estar con el caballero de la armadura, pero no lo había conseguido.
Cuando entro en el Rincón de las estrellas, la estrella Maru le dijo, princesa, ¿a que has venido?, sabes que no puedo concederte el deseo, el caballero debe quitarse la armadura, debe renunciar a ella, mientras tanto tu no puedes pedir nada.
La princesa se puso a llorar, en aquel momento una de las lagrimas cayo por un pequeño agujero que había en el suelo del Rincón de las estrellas, poco a poco se fue deslizando, hasta que ayudado por una nube color ámbar llegó hasta el árbol de los pajarillos.
Cayo sobre una rama y está empezó a cambiar de color, el árbol se estaba tornando de color gris, las hojas empezaban a marchitarse, y los pajarillos huían pavoridos, los nidos y los polluelos empezaban a caer al suelo y los más pequeños morirían.
Las alas de los pajarillos se estaban volviendo color negro, eso era mal augurio, el color plateado de sus alas se estaba difuminando, desapareciendo, en poco tiempo todo oscureció, algo muy tenebroso estaba a punto de suceder.
El pajarillo le dijo al caballero, ves lo que has provocado, todo está cambiando la estrella Maru a enviado una maldición, tu eres el culpable. Si no te quitas la armadura, si no consigues que la princesa deje de llorar, todo esto desaparecerá, morirán los pajarillos, y el Rincón de las estrellas se tornara el infierno más temido, crecerán las zarzas y todo quedara desierto y sin vida.
El caballero estaba viendo que el pajarillo tenía razón, tenía que hacer algo porque aquello cambiara, volviera a ser el rincón de las estrellas, que los pajarillos no perecieran, y que la vida allí no dejara de existir. Pero tenía una razón que le pesaba más que su propia armadura, si se la quitaba, si se desprendía de ella la princesa huiría, lo abandonaría… (seguirá mañana...)
dulceambar



Marola! leerte para mí resulta gratificante, eres como una cálida llama de una vela en una noche romántica. La tranquilidad que leo en tí es bien agradable, por lo que me he atrevido a expresar este sentir. Admiro a la persona que está detrás de esas líneas, a la persona que es capaz de hacer llegar al que las lee estos sentimientos tan agradables.
Gracias por tu interés por los problemas de Venezuela, gracias porque al existir personas como tú, sé que el mundo aún no termina, porque existen personas de una grandeza espiritual como la tuya.
Así tal cual eres son mis pequeños nietos dulces, tiernos, llenos de una inocencia espiritual que siempre me enriquece.
Cariños,
Betty Margarita