Continuación.....

Cuando llegó el caballero al día siguiente a ver a su princesa, está no estaba debajo del árbol. Aquello lo apesadumbro y entristeció, se estaba mareando cuando uno de los pajarillos de alas plateadas bajo a su hombro, se acerco a su oreja y le susurro querido caballero tu princesa se ha ido, ella deseaba buscar su destino, y ayer cuando tu marchaste ella fue a buscar algo que tu no sabes, algo que tu no puedes ofrecer, ella fue llorando y dijo que quizá tu no lo entenderías, que quizá la olvidarías, pero que tenía que hacer el camino y ver por ella misma cual era su destino. El caballero quedo sin habla, el pajarillo sabía lo que él estaba pensando, no te preocupes, le dijo, ella no te ha abandonado, ella volverá pero ha de concluir una misión personal. A veces debemos irnos, debemos salir al camino y recorrer varios lugares, ver cosas, sentirnos que somos nosotros mismos para conseguir la plenitud de la vida. Ella te ha esperado, y volverá, ella comprendió tu misión, tus batallas, tus luchas. Ahora eres tu el que debe dejarla marchar, el que debe comprender que ella necesita pasar por esa prueba.
Todos debemos dejar que el viento nos guié, debemos escuchar a la voz que el aire nos trae, y debemos dejarnos guiar por las estrellas, ellas son las únicas que saben el camino que debemos recorrer.
El caballero no lo entendía, se había quedado mudo, sin aliento y envuelto en una especie de red de la que sabía no podría salir, el corazón se le había encogido de tal forma que no podía respirar, latía su corazón tan fuerte que se movía hasta la armadura.
El pajarillo trato de tranquilizarlo, de calmar esa ansia ese miedo que se había apoderado, esa terrible sensación de miedo. Jamás en ninguna batalla había sentido aquella sensación, herido de muerte, perdido en los bosques, enfermo, no se asemejaba aquello a lo que sentía en estos momentos.
Se quedo debajo del árbol, pasaban los días y no se movía, esperando a su princesa. Los pajarillos le traían agua del estanque, era lo único que bebía, no tenía hambre, se había apoderado de él la soledad, el miedo, la amargura, lloraba por las noches intensamente para que nadie lo viera. Cada día aquella agonía se hacía latente en su físico, había perdido kilos, y la armadura empezaba a hacerle heridas.
El pajarillo le dijo, no debes quedarte aquí, ella no volverá antes, porque tu estés así y no debe verte así si regresa. Tu eres para ella "el caballero valiente", fuerte, capaz de vencer al dragón más grande, al enemigo más cruel, y ahora no eres nada....estás perdiendo todo aquello por lo que la princesa suspiraba.
La rabia, el dolor se estaban apoderando poco a poco del caballero, no podía creer que la princesa, esa que lloraba, suspiraba, le pedía que se quedara con él para siempre se hubiera ido, le hubiera abandonado, sin decirle donde encontrarla. ¿Qué estaría haciendo, donde, estaría en peligro, muerta?.....le atormentaba tanto la ausencia que empezó a desvariar, poco a poco no respondía a sus pensamientos, se estaba volviendo loco, llego a creer que el pajarillo era la princesa. Empezó un día a llamarla, cuando el pajarillo se posaba en su hombro el le hablaba, le acariciaba, le decía porque le había abandonado, estaba convencido que era ella.
El pajarillo le decía que él no era la princesa, pero el caballero no quería creerlo, mientes princesa, me quieres abandonar, te quieres ir, te han hechizado para convertirte en un pájaro y ahora quieres irte de mi, en venganza por lo que te dije, por no estar a tu lado cuando me lo pedías, por no quedarme junto a ti….El pajarillo le contestó, no yo no soy la princesa, pero si quieres yo puedo ayudarte a encontrarla, pero deberás hacer algo antes. (Seguirá mañana).