UN RELATO.

TE A LAS CINCO Y TRECE

Aquella tarde todos habían salido a tomar el aire fresco, y ella se había quedado sola, como todas las tardes desde hacía treinta años, ella no salía nunca. Quedo sellada en aquella habitación, como un cuadro antiguo que se cuelga para no volver a ser descolgado.
No quería mezclarse con la gente, desde hacía mas de treinta años se había apagado su alma, su vida y su ilusión. Pero todos los días a las cinco y trece minutos se sentaba en su mesilla redonda del salón, y hacía que Ritma le preparara su té, desde hacía treinta años Ritma le preparaba el té con una ceremonia idéntica a sus antiguos parientes.
Jamás perdonaría su taza de té, ella había congelado su reloj hacía treinta años, había parado el tiempo en un solo día cuando su vida era como la de las princesas, se había enamorado un hombre, pero aquello era un amor imposible, la tragedia y la mala suerte se lo habían llevado y con él, el alma de Baira, ya se lo habían pronosticado, el poso de su té le dijo hacía muchos años lo que pasaría. Fue un día gris con serpentinas de color plata, fue esa tarde a las cinco y trece minutos cuando el poso del té le susurro suavemente que jamás sería feliz, su amado se había perdido en un lugar del que no se vuelve, pero desde allí arriba, él siempre la espero.