Este mediodía he recibido una carta, una carta de recuerdo, de amor, de alguien que quiero con locura, alguien que no fué entendido, una persona que lo daría todo por alguien, para mi lo llamo "mi ángel". Porque para mi es un ángel, quizá un ángel caído, un ángel con mala suerte, incomprendido, pero en su interior tiene un corazón que si se pudiera pesar no abría medida para su peso. Está persona es mi hermano Jesús, se fué hace cinco meses al otro lado del mundo, unos vienen para acá y otros se van. Él se fué con su hijita de un añito que ha cumplido y su mujer, Deboh, ella es Argentina. El día más triste que recuerdo es ese 5 de abril en el aeropuerto de Barcelona, a las seis de la tarde, queríamos parar los relojes para estar más tiempo, para agarrar los minutos y no soltarlos, queríamos que no llegara la hora del embarque porque sabíamos que durante mucho, mucho tiempo no nos veríamos. Estaba emocionado porque iba a empezar una nueva vida, iba a un lugar totalmente desconocido para él, pero dentro de su corazón se estaba haciendo una herida, se estaba produciendo una sensación de amargura, de pena
por irse.

Hoy he recibido una carta que me habla de sentimientos, de sinceridad, de cariño y sobre todo de añoranza, esa que no puede contar allá donde está, pero que cada día invade su mente y su recuerdo. La vida es dura, aquí y allá, eso es cierto, pero si estas lejos de las personas que más quieres aún es más difícil de llevar. Gracias que en estos tiempos tenemos esos medios que en pocos segundos puedes hablar, escribir, recibir noticias de ellos que están a miles de kilómetros, las cartas llegan cada día más pronto y te puedes ver en directo por medio del ordenador..., pero a pesar de eso nos falta lo principal, lo que me escribe, el deseo de abrazarnos, de besarnos, de estar cogidos de las manos durante un largo tiempo, recordando las cosas que pasamos juntos, buenas y malas. Aunque las malas ya se me han olvidado, en mi mente solo queda lo bueno de la gente, los momentos deliciosos que pasamos, y que quizá no aprovechamos todo lo que pudimos y ahora al estar lejos añoramos y nos arrepentimos de no haber dicho o hecho eso que ahora daríamos la vida por tener. Me queda el consuelo de que lo quiero con locura y que él también, que nos escribimos mucho y que cada semana habló con ellos dos veces, parece como si estuviera al lado cuando lo oigo, pero en su voz se delata esa tristeza escondida, retenida, que lleva dentro. Hoy dedico con todo mi amor y cariño este trocito de mis pensamientos a mi hermano, y a todas las personas que tienen alguien muy lejos, y que no podemos vivir el día a día sin pensar con ellos, porque no sabemos cuando los volveremos a ver, a todos los que están en está situación porque si, es duro, muy duro, y seguro que nos perderemos muchas cosas, porque no estaremos con ellos. Adiós hermano mío…desde aquí tu ciudad querida te mandó un soplo de esperanza, amor y cariño.