El setenta y cuatro
Estaba en la parada del 74 en la Avenida Virgen Montserrat, en estos momentos es imposible poder caminar por los alrededores, todo está en obras, pero nos conformamos con la esperanza de que muy pronto acabaran y entonces tendremos una calle ancha y nueva. El autobús hoy tardaba más de lo corriente, tenía prisa por que eran las cuatro de cinco minutos y tenía que viajar hasta General Mitre con Balmes. Entraba a trabajar a las cuatro y media.
Por fin, a lo lejos se vio el autobús girando a la Avenida, era el setenta y cuatro, la gente lo sabe por que es el único autobús doble que pasa por está calle, venía a tope de gente, se veía que estaba casi lleno y ahora nos quedaba la esperanza de que el conductor abriera la puerta, a veces cuando venían muy saturados no abrían la puerta de entrada, entonces la gente aun se enfurecía más.
Paro, espero que bajaran algunos viajeros, y entonces, abrió la puerta de entrada. Parte de las personas suspiraron dando las gracias por que se abrieran las puertas y otra gente empezó a susurrar, a despotricar contra esa pobre persona, que tan solo hacía su trabajo, el conductor. Los primeros asientos están reservados a las personas mayores, gente con muletas, mujeres embarazadas o mujeres que fueran con niños pequeños. Entonces uno de los hombres que subió al autobús fue directo a una chica que había sentada, con un gruñido y mal carácter le dijo:
- Shutttt!!!! Shupppp!! Ese sitio es para mi, me oyes niña…-ella no contesto, ni tan si quiera se inmuto.-
- No me ha oído nena.., pero será posible!- Volvió a insistir aquel hombre.
Ella no contesto, había personas al lado y una mujer en voz alta y sin dirigirse a nadie en concreto dijo.
-Bien que hace, que es eso de shuppp!!!, ni que fuéramos animales, que se cree, vienen de jugar a las cartas con los amigotes y ahora reclamara que se levante una persona que acaba de trabajar. Bien que hace de no levantarse.- dijo toda orgullosa.
El hombre se estaba enfadando cada vez más. Veía que nadie se ponía de su parte y eso lo estaba alterando más. Aquel hombre tendría unos sesenta y cinco años más o menos, no era mayor, no llevaba muletas, así que en parte era razonable que no le dieran asiento.
El autobús estaba hasta la bandera, la gente al oír aquellos gruñidos se quedo en silencio esperando ver un espectáculo, que es lo que normalmente pasaba en estos casos. En aquel momento el hombre volvió a gritar esta vez con mas fuerza y con insultos adheridos, hablaba solo, que si eres una desgraciada, que vergüenza de juventud, los peores insultos, esto no provocaba ninguna reacción en la joven que estaba sentada, no contestaba, no levantaba la mirada, parecía una estatua. Entonces una mujer que había observado todo el altercado se acerco al asiento donde estaba sentada la chica, primero a observo y después se dirigió al hombre enfurecido, que está vez al dar un frenazo el conductor empezó a levantar los brazos y a gritar cada vez más fuerte, la mujer le miro a los ojos y le dijo:
-¿Se ha dado cuenta de que la chica no oye, es sorda y además es ciega?- Le pregunto la mujer con un tono de voz ausente a todo aquel bochornoso comportamiento que estaba observando en aquel hombre.
El hombre se quedo callado, no dijo nada, su rostro se había cubierto de un color encarnado a punto de estallar y con la cabeza gacha se fue hacia la puerta de salida, en ese momento el autobús paró. No se sabe si era su parada, pero el hombre bajo deprisa dando empujones a las personas que tenía a su lado.
Se quedo en la misma parado, avergonzado del espectáculo que había provocado, simplemente por un asiento que no necesitaba, un asiento que posiblemente él no hubiera cedido en el caso de que otra persona en peores condiciones físicas que él lo hubiera necesitado.
Aquel día aprendí que hay que ser cauto y no precipitarse, hay que ser humano ante todo, y tener humildad. Los transportes públicos son una ventana a experiencias cotidianas que abren los ojos y te enseñan los comportamientos de las personas, unas demasiado benévolas y otras demasiado egoístas.


El relato del hombre gritándole a la chica sorda y ciega contiene una cierta moraleja o lección que tú has interpretado perfectamente. La precipictación, la prisa de la sociedad por conseguir lo que busca sin pararse a pensar si está obrando bien o no. Ese comportamiento del hombre es fruto, en parte, del comportamiento general de la sociedad.
Saludos.